Es uno de los componentes más comunes y adictivos que existen, el cual podemos encontrar en cantidad de alimentos procesados como el pan de molde, la bollería industrial, los refrescos o el chocolate. El consumo de azúcar libera dopamina en nuestro cerebro, un neurotransmisor del sistema nervioso – conocido también como la hormona de la felicidad – que enriquece las áreas de motivación y recompensa, causantes de generan sentimientos como el placer o la adicción.

Dependiendo del grado de refinado que tengan, podemos encontrar diferentes tipos de azúcar. Los más comunes son:


Azúcar moreno

Pobre en vitaminas y minerales.


Azúcar integral

Azúcar de caña que no ha sufrido ninguna transformación, no está refinado y conserva sus minerales y vitaminas originales. Suele ser oscuro y de aspecto mojado. Podéis encontrarlo en tiendas ecológicas o en las zonas eco/bio de tu supermercado habitual.


Azúcar blanco

Azúcar de caña refinado al 100%, por lo que es totalmente falto de minerales y vitaminas. Su sabor es neutro.


FACTORES NEGATIVOS DEL AZÚCAR

Aunque su consumo es aceptado en todo el mundo, se trata de un componente que no produce ningún beneficio para nuestra salud. Os contamos algunos de sus perjuicios para el organismo:

  • Acelera el envejecimiento, ya que disminuye la reparación del colágeno y de la proteína que proporciona un aspecto saludable en nuestra piel.
  • Aumenta nuestro peso corporal. El exceso de fructosa y glucosa se transforma en grasa dentro de nuestro hígado, causando obesidad y diabetes.
  • Empeora el rendimiento cerebral, ralentizando los procesos de memorización y aprendizaje.
  • Disminuye la sensación de saciedad, ya que activa las zonas de placer del cerebro y reduce nuestra sensación de estar satisfechos – es un no parar –.
  • Daña los tejidos, acelerando el proceso de oxidación de las células. Lo que se traduce en futuras enfermedades hepáticas, cataratas e insuficiencia renal.
  • Genera adicción – de ahí que concebido como una droga –, pues ayuda a la segregación de dopamina.
  • Reduce la energía, aunque la glucosa actúa cono energizante, el azúcar crea un efecto rebote que lleva a una recaída mayor tras su consumo.

A pesar de que el consumo de azúcar puede resultar satisfactorio en un primer momento, a largo plazo puede ser la causa de enfermedades y problemas en nuestro organismo. Debemos cuidar su consumo, aunque eso no significa que tengamos que eliminarlo completamente de nuestra dieta, ya que podemos adquirir azúcares naturales – glucosa, sacarosa o fructosa

A través de alimentos cómo: frutas, cereales, verduras y hortalizas o, incluso, de la leche (lactosa). También existen otros sustitutos, mucho más saludables, que podemos utilizar para dar un toque de dulzura a nuestros postres: la miel y el sirope de arce, savia o agave.

La próxima vez que pidas una Coca-Cola (35 g) en un restaurante o decidas comprarte un donut (27 g) en el supermercado, recuerda que la OMS recomienda no ingerir más de 25 gramos de azúcar diarios.

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