Su principal función es proteger el organismo de bacterias, de la temperatura o de sustancias químicas. Existen múltiples factores que pueden alterar el estado de los tipos de piel, entre ellas: la contaminación, el sudor, el clima, el estrés, así como productos de uso diario.

La piel es el órgano más grande del cuerpo, que forma parte del sistema tegumentario.

La piel sana dispone de factores hidratantes naturales conocidos como FHN, cuya función es fijar agua dentro de la piel, evitando que llegue a deshidratarse, y mantener su elasticidad. Si la barrera protectora de la piel sufre algún daño es incapaz de retener los FHN esenciales, por ello, es fundamental cuidar nuestra dermis.

¿Sabías que la piel pierde agua constantemente? Pues sí, existen dos factores que propician su pérdida: la transpiración, perdida activa de agua provocada por el calor, estrés o la actividad; y la pérdida transepidérmica (PAT), forma natural y pasiva por la que la piel pierde medio litro de agua diario.

Teniendo en cuenta estas características, resulta fundamental mantener la piel hidratada y consumir los 2L de agua diarios de agua recomendados, que nos ayudarán a evitar la deshidratación general.

¿Qué es la “zona T”?

Esta zona es una de las más mencionadas cuando hablamos de productos para la piel, comprendiendo la zona formada por frente, nariz y barbilla. Se trata de una de las zonas más propensas a tener grasa, debido a su mayor cantidad de glándulas sebáceas. Al ser la zona con más grasienta, suele resultar también la mas conflictiva y propensa a tener brillo, puntos negros y espinillas.

 

¿Cómo puedo saber cuál es mi tipo de piel?
  • Piel normal: piel en buen equilibrio denominada “eudérmica”. La zona T no es ni demasiado grasienta, ni demasiado seca. Presenta poros finos, buena circulación sanguínea, ausencia de impurezas y textura aterciopelada, suave y lisa.
  • Piel grasa: presenta una elevada producción de sebo, también conocido como “seborrea”. Este tipo de piel puede adquirirse por factores genéticos, cambios hormonales, medicación, estrés o productos cosméticos. Podemos identificarla por su aspecto brillante, aparición de acné, poros agrandados, piel engrosada y pálida.
  • Piel seca: piel que produce menos sebo de lo habitual, lo que hace que carezca de lípidos y no se forme el escudo protector de factores externos. Dentro de este tipo de piel podemos encontrar tres grados: piel seca, muy seca o extremadamente seca. Por lo general, es más propensa en mujeres.
  • Piel mixta: es la combinación de dos tipos de piel, la normal-mixta y la grasa. Esta piel presenta un aspecto brillante y suele desarrollar breves impurezas en la zona T.

 

Cuidados según el tipo de piel
  • Piel mixta: debes limpiar dos veces al día (mañana y noche), tonificar, exfoliar e hidratar – un paso muy importante que solemos pasar por alto –. Aunque sea tedioso, tener dos tipos de piel supone cuidar cada zona según sus requisitos. La zona T necesitará cremas poco grasas y, por el contrario, para las zonas normales, cremas más hidratantes que eviten la irritación.
  • Piel seca: suele empeorar en invierno y no es recomendable utilizar agua muy caliente sobre ella, ya que favorece la deshidratación. Para cuidarla hay que beber mucha agua y realizar limpiezas suaves con productos hidratantes y nutritivos.
  • Piel grasa: debes utilizar productos limpiadores que no sean agresivos, exfoliar bien tu piel y, sobre todo, desmaquillarte correctamente. La limpieza debe ser profunda y realizarse dos veces al día. Un truco es exponerse al sol para secar las lesiones de acné y disimular los granitos. Además, es recomendable utilizar productos que no contengan aceites.
  • Piel normal: tener este tipo de piel no implica descuidarse. Por sus características intrínsecas, los cuidados que precisará serán los más básicos y comunes como limpieza diaria, tonificación y aplicación de crema hidratante dos veces al día. La exfoliación puede aplicarse una vez por semana.

 

Dentro de nuestra tienda podrás encontrar diferentes productos enfocados a estos tipos de piel, entre ellos el sérum o crema hidratanto de día, el limpiador facial, el exfoliante de frutos rojos o la mascarilla de arcilla para mantener la piel suave y lisa.

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